El viernes 1 de enero comenzó un nuevo año y, con él, una serie de sueños, anhelos, proyectos que se esperan poder cumplir o desarrollar en este tiempo y sinsabores que pudieron haber ocurrido en el anterior y que cada uno trata de atenuar su efecto y, si es posible, olvidar.

Una gran parte del planeta, igual que nuestro país, se rige por el calendario católico o gregoriano usándolo en el mundo occidental, utilizándolo administrativamente incluso en culturas con calendario propio ya que es un modo de uniformar los tiempos y fechas.

Se asegura que es el más preciso de todos ya que sufre un desajuste de 1 día cada 3.000 años, basado en el calendario de Julio César (Juliano) en el año 46 a.C., modificado por Dionisio el Exiguo en el S. VI y reformado por el Papa Gregorio XIII en 1582 por lo que al actual se lo conoce como gregoriano. También por este mismo Papa el año se inicia cada 1 de enero y no como era hasta entonces el 25 de marzo.

Si bien todo el mundo sabe y comprende que hay una continuidad en todos los aspectos de la vida, el cierre de un año invita y en algunos casos obliga a realizar un balance de manera general o puntual y preciso en cuestiones administrativas o contables.

Al mismo tiempo, la llegada de otro año, la mirada en un nuevo calendario, invita a acrecentar la fe y la esperanza en que se puedan lograr las cosas o proyectos del tiempo que se fue con las pérdidas y dolores que puedan haber quedado, generar y concretar nuevas ideas o propuestas porque pareciera que “ahora sí tenemos mucho tiempo o todo el tiempo del mundo” para lograrlo.

Es una buena sensación y, más allá de que el año que se fue tuvo características especiales por la aparición de la COVID-19, esto debe servir para renovar energías, recordar y valorar lo que dejaron aquellos que se fueron de este mundo por los motivos que fueran, y aunar criterios y esfuerzos para el logro de objetivos comunes; éstos pueden ser en el ámbito de una sociedad más chica como la breñense, pero que se la puede ampliar a nivel zonal, provincial, regional o nacional, depende de la mirada de cada persona y de las instituciones comunitarias, que se conforman también con personas.

Es la oportunidad de HACER un buen año, sin esperar que venga dado por ALGO o ALGUIEN, de manera fortuita o azarosa, confiando en Dios y en su guía permanente, apoyándose en el otro, vecino, amigo o hermano, para lograr metas comunes.

La búsqueda del bien común, especialmente en el año del Centenario de Las Breñas, debe dejar de ser una frase hecha para hacerla realidad; hay gobernantes, legisladores y dirigentes sobre los que pesa una mayor responsabilidad y de los que se espera actitudes de grandeza y de guía con mensajes y acciones concretas, y una sociedad que debe dejar de confundirse con espejos de colores, pedir y exigir lo que hace falta para un tiempo de protagonismo de una comunidad unida.

¡Feliz Año Nuevo! Y que los breñenses sean (seamos) capaces de hacer un buen año.