El desafío para lograr un mejor rendimiento de la soja en el Chaco tiene tres pilares básicos tales como el manejo del cultivo, el control químico y las prácticas culturales para optimizar la salud de las plantas.

La precisión surge de los resultados de diversos ensayos con que cuenta un equipo de la Estación Experimental Agropecuaria “Ing. Agr. “Emilgio Druzianich” de INTA Las Breñas buscando, además de prevenir enfermedades, aumentar la productividad y sostenibilidad de los sistemas agrícolas.

El sitio oficial intainforma, explica que la producción de soja en la región chaqueña subhúmeda enfrenta desafíos significativos debido a las enfermedades foliares que afectan el rendimiento del cultivo y, sobre ello, el coordinador del proyecto Cereales y Oleaginosas para Chaco y Formosa de INTA Ing. Agr. Gerardo Quintana indica que “para un manejo óptimo de la soja es importante la rotación de cultivos, el control de malezas y la fertilización para reducir el impacto de estas enfermedades, además del monitoreo y uso adecuado de fungicidas”.

La región sojera del NEA, con Chaco y Formosa, este de Santiago del Estero y norte de Santa Fe cuenta con la siembra de casi 2 millones de hectáreas, aportando el 12 % de la producción nacional del cultivo; y en el ranking de producción por provincias, Santiago del Estero ocupa el cuarto lugar.

Las enfermedades más recurrentes en la región son: la Mancha Marrón (Septoria glicynes) y el Tizón foliar/Mancha Púrpura (Cercospora Kikuchii), capaces de ocasionar pérdidas de hasta el 30 %.

Manejo integrado

El técnico destaca que “Ante este panorama, se recalca la importancia del manejo integrado de enfermedades, que incluye prácticas culturales específicas, control químico acorde y el monitoreo constante de los lotes. Conocer y comprender los síntomas de estas enfermedades puede ser crucial para la intervención temprana y, así, salvaguardar los rendimientos en este cultivo clave para la economía regional”. En otro párrafo indica que “implementando de estas estrategias, los productores pueden reducir las pérdidas y optimizar la salud de sus cultivos, garantizando una producción sostenible a largo plazo”.

La mancha marrón se manifiesta a través de clorosis y manchas necróticas en las hojas, comenzando en la parte basal y ascendiendo con la humedad y las precipitaciones. Por su parte, el tizón foliar presenta síntomas que se caracterizan por manchas violáceas a amarronadas en foliolos y peciolos pudiendo ser similares también a la mancha marrón, pero inicia su avance desde la parte superior del cultivo.

Otras enfermedades como el Mildiu (Peronospora manshurica) y la Mancha anillada (Corynespora cassicola) ganaron prevalencia en campañas más húmedas. El Mildiu afecta principalmente la calidad de las semillas y se evidencia en manchas amarillas con características algodonosas, mientras que la mancha anillada se identifica por sus manchas necróticas circulares con un halo clorótico.

La presencia de la Roya asiática de la soja (Phakopsora pachyrhizi) añade otra capa de complejidad, debido a que es una enfermedad biotrófica que prospera en condiciones de humedad y puede causar severos daños si no se monitorea y controla adecuadamente.

Recomendaciones para el manejo del cultivo

Esta es una región donde la dinámica ambiental es diferente al resto del país, con mayor temperatura y donde los cultivos sufren una mayor frecuencia de episodios de estrés ambiental por sequías o golpes de calor. Esto incide en la dinámica de plagas, malezas y enfermedades como en la calidad de la semilla obtenida en la región.

La primera recomendación es que “la rotación de cultivos, con incorporación de gramíneas en la rotación, ayuda a suprimir el inóculo de enfermedades, ya que el rastrojo de cultivos de diferentes especies reduce la carga inicial de patógenos” aporta Quintana; como así también utilizar cultivos de servicio, que aumentan el carbono en el suelo, mejorando su salud y, por ende, la productividad de los cultivos principales.

Además, la fertilización y el control de malezas mejoran las condiciones nutricionales: menos competencia por recursos fortalecen los cultivos y los hacen menos susceptibles a enfermedades.

Al final el investigador destaca que, “la elección de la fecha de siembra y variedad son decisiones cruciales para el desarrollo del cultivo y el manejo de enfermedades. Iniciar o finalizar el ciclo en los momentos adecuados ayuda a maximizar el rendimiento”.

Por último, la calidad de semilla garantiza una buena implantación y un manejo adecuado de la densidad de siembra también contribuye a disminuir el daño por enfermedades.