Las celebraciones tradicionales a las que convoca la Iglesia a inicios de febrero contaron con numerosos fieles en el templo parroquial para compartir estos momentos como son los de la Presentación del Señor junto a la Señora de la Candela y, al día siguiente, la de San Blas.

El domingo 2 de febrero se recordó el día de la Presentación del Señor y de nuestra Señora de la Candelaria, fiestas que comenzaron a ser conocidas y practicarse durante los siglos IV y X, respectivamente.

También se vivió la XXIX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, fecha instituida en 1997 por san Juan Pablo II, aunque en Argentina, debido a que la fecha coincide con el tiempo de vacaciones, la Conferencia Episcopal determinó hace unos años que la Jornada de la Vida Consagrada se traslade al 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María.

Es una jornada en que se bendicen las candelas, ya que la fiesta de la Presentación del señor se asoció con una procesión de candelas que organizaba la iglesia romana celebrando la fiesta cuarenta días después de Navidad.

Presentación del Señor

Se trata de una fiesta antiquísima de origen oriental. La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV, a los cuarenta días de la fiesta de la Epifanía. Desde Jerusalén, la fiesta se propagó a otras iglesias de Oriente y de Occidente. En el siglo VII ya había sido introducida en Roma.

Se asoció con esta fiesta una procesión de las candelas. La Iglesia romana celebraba la fiesta cuarenta días después de Navidad, con el nombre de Purificación de la bienaventurada Virgen María.  La Virgen María ha dado luz a la Luz del Mundo, Jesucristo, y en esta fiesta Él se manifiesta a Simeón y Ana.

Los misterios de Cristo y de su Madre están estrechamente ligados, por ello es una especie de celebración dual, una fiesta de Cristo y de María.

San Blas

La tradición de la bendición de gargantas a los fieles presentes en la celebración de este 3 de febrero fue realizada por el párroco que presidió la Santa Misa, presbítero Rubén Pérez; colocando dos cirios cruzados en los respectivos cuellos y diciendo: Que por intercesión de San Blas Dios te libre de problemas en la garganta y cualquier otro mal.

Esta tradición se debe al testimonio de que cierto día San Blas salvó a un niño que se había atragantado con una espina de pescado. De ahí la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta, 3 de febrero. Eso también le valió convertirse en patrono de los otorrinolaringólogos y de quienes padecen alguna afección a la garganta.