
La recordación del Viernes Santo tuvo una activa presencia de la comunidad, tanto en la Pasión del Señor y adoración a la Cruz como en el Vía Crucis.
El templo parroquial fue el lugar donde se celebró este momento singular de la Semana Santa como es el Viernes Santo; el padre Rubén Pérez ingresó acompañado por los monaguillos y se postró acostándose en el suelo, en señal de duelo por la muerte de Jesús de Nazaret; ante un altar sin mantel ni adorno alguno, sin candelabros, y con el color rojo como símbolo del martirio, en los ornamentos del celebrante.
Las lecturas del día comprendieron las del libro de Isaías 52,13 - 53,12; Salmo 30,2 y 6; 12-13; 15-16; 17 y 25 (Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu); carta a los Hebreos 4,14-16; 5,7-9; y, finalmente, se proclamó el Evangelio del día, Pasión de nuestro señor Jesucristo según san Juan 18,1-19,42.
Luego, el padre Rubén sostuvo la Cruz debajo del presbiterio para que los fieles fueran partícipes del momento de Adoración a la Cruz, realizando una reverencia o de rodillas tocando o besando el madero.

