
Este lunes 1 de mayo, día en que en tantas partes del mundo se celebrará el día del trabajador, celebramos en la Iglesia a San José Obrero.
San José era el esposo de la Santísima Virgen María y hacía las veces de Padre de Jesús en la tierra. ¿Qué hizo? Cuidar de su familia, trabajar: era carpintero. También Jesucristo trabajó hasta los 30 años en el mismo oficio de San José.
El trabajo no sólo sirve para ganar el sustento, es crucial para vivir. El trabajo dignifica a la persona, ayuda a que cada uno piense, ponga iniciativa en lo que hace, desarrolle sus capacidades. Lo más importante es que a Dios nos creó para trabajar, y le agrada la ofrenda del trabajo bien hecho, del sacrificio que supone.
En el día del trabajador pidamos a Dios por intercesión de San José por todos los que sufren por falta de trabajo, por falta del dinero suficiente para mantener a la familia. Swe trata de situaciones muy duras, por eso recemos unidos -somos hermanos en Cristo- para que no falte a ninguno un trabajo digno; recemos para que quienes sufren esa situación tengan la paz que proviene de saberse hijos de un Dios que no abandona; que nada empañe el amor, la serenidad en las familias. Que Dios los bendiga.

