La comunidad de la capilla Nuestra Señora de Itatí celebró el 60° aniversario de la fundación del templo junto a la festividad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María en la sede de Fray Mamerto Esquiú y Soberanía Nacional.

El momento especia de recordar este aniversario fue al finalizar la celebración eucarística del tercer día de triduo, en la noche del miércoles 7 y con la participación de referentes históricos del barrio ligados desde siempre a la vida institucional y espiritual de este centro de culto.

El lema de este año fue “María, mediadora de todas las Gracias” y cada jornada del triduo de preparación incluía entre sus actividades, la proyección del historial de la capilla, después de la Adoración al Santísimo Sacramento y rezo del Rosario, y antes de la Santa Misa.

Gran Peña

Después de la celebración eucarística del tercer día se pudo disfrutar de una gran peña esperando el cumpleaños número 60 de la capilla Nuestra Señora de Itatí, en el que hubo un momento de oración recordando la historia de la capilla, el canto del feliz cumpleaños, suelta de globos y corte de torta, cerrando con el encendido del árbol de Navidad.

La peña contó con la actuación de Academia Alca, escuela de folklore El Malambo, Raúl Bestanca, Keila Parra Alcaraz, María Córdoba, Dúo Sólo Recuerdos y Las Hermanitas Chávez:

Desde 1962

El edificio de la capilla se inauguró el 9 de diciembre de 1962, teniendo como sacerdote que acompañó todo el proceso de construcción a Juan Huet, canadiense, al igual que el párroco de ese momento, Emilio Chenard.

La devoción por la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Itatí, se puede decir que nació en El Colorado, Formosa, donde vivía la familia que encabezaba Enrique Martínez Duarte junto a su esposa Gabriela; él, junto a una veintena de vecinos, en 1955 viajó en la caja de un camión por los polvorientos caminos de entonces hasta el Santuario de la Patrona del Litoral. Allí cumplieron promesas, rezaron y don Enrique adquirió una pequeña imagen de la Virgen que hizo bendecir con un sacerdote del Santuario, la que llevó y entregó a doña Gabriela. Pasó a ocupar un lugar destacado de la casa y cada 8 de diciembre, con vecinos y amigos se rezaba el rosario, se cantaba y todo concluía con comida y música litoraleña para bailar.