
El concejal Javier Omar Asselborn tuvo a su cargo el discurso alusivo al Dia del Respeto a la Diversidad Cultural en la plazoleta de Pueblos Originarios, expresando:
Podríamos encarar nuestra reflexión respecto del día de hoy desde un intento de explicar las vicisitudes del 12 de octubre. Procurando darle mayor sentido de realidad a la visión demonizada que algunos sostienen respecto del proceso histórico que significó la llegada de los europeos a tierras americanas, o por el otro lado, erradicando la visión ingenua y ensoñada de quienes sostienen que con Cristóbal Colón se “descubrió” América y comenzó su progreso cultural. Ni una ni otra son abordajes que expliquen plenamente el proceso iniciado el 12 de octubre de 1492. Éste ha sido un derrotero que al igual que todos los demás acontecidos en la historia humana, tiene una imbricada trama entre intenciones altruistas y ambiciones deshonestas; un rastro de epopeyas de grandes hombres y terribles tragedias a causa de otros. Pero, en definitiva, es un proceso hijo de su tiempo, que ha de entenderse en el contexto de valores y concepciones de su tiempo. Esto no significa en modo alguno, disculpar las atrocidades que más allá de cualquier tiempo y lugar son condenables, pero tampoco podemos ponderar todo desde la actual sensibilidad del siglo XXI. Sensibilidad que ha sido un largo camino de luchas y superaciones en el pensar para luego legislar en consecuencia, pero que no muchas veces, sin embargo, se tradujo en un actuar según este nuevo entender a la persona como sujeto de derechos y dignidad inalienable.
La simplificación maniquea de dividir buenos por un lado y malos por el otro, siempre ha estado presente como una tentación para entender la historia. Pero como cualquier proceso humano, la historia de nuestras interacciones representa una complejidad mayúscula a la hora de realizar un relato objetivo, y más aún si la pretensión es interpretarlas y emitir un juicio de valor. La línea del bien y el mal no es una frontera geográfica, es una línea un tanto difusa trazada el corazón mismo de cada protagonista de la historia.
Por ello, creo que el abordaje de la fecha de hoy es correcto entenderla desde el Respeto a la Diversidad Cultural.
Este cambio en la denominación respondió a la nueva sensibilidad por la realidad siempre desafiante de avanzar en el camino del respeto, la tolerancia y la convivencia.
Esto nos obliga a interiorizar a la diversidad como un valor, y no sólo discursear sobre ella. La DIVERSIDAD es una riqueza, es un don identitario en el cual la interacción y convivencia de los “diferentes” permite aspirar a una realidad superadora. Para que esta riqueza que existe por sí misma se transforme en riqueza para la sociedad debe ser abordada desde el RESPETO. Y esto es más empatía que intento de asimilación.
Lo diverso nos desafía. Nos desafía a superar los prejuicios que nos implanta el miedo a lo desconocido. Nos desafía a entender que si bien mi verdad puede ser valedera, no es la única verdad absoluta. Nos desafía a ampliar los horizontes de la convivencia.
A pesar que el respeto a la diversidad cultural tiene un desarrollo claro y bastante amplio en los ámbitos académicos, en el enunciado de la legislación actual, y en el pronunciamiento de muchos de los que somos dirigentes de la vida civil…aún es una realidad que se nos impone como tarea pendiente en bastos campos de nuestra sociedad.
Aún nos falta una cuota de igualdad en la lucha por el respeto a la diversidad cultural. Porque muchos de nuestros pueblos originarios asisten a una asimetría en la respuesta a sus reclamos. Pareciera valer más aquel que tiene un padrinazgo político sostenido desde la ideologización, que aquel que desde la mansedumbre pide y no es escuchado. ¿Acaso vale más un reclamo de un grupo de neo mapuches del sur que el de los ancestrales pueblos wichí, qom, moqoit o pilagá del Chaco y Formosa?
Aún falta que en la curricula escolar, nuestros hijos puedan conocer de una manera más clara y cercana la cultura de los pueblos originarios de estas tierras. No sólo tener un enunciado de etnias, sino un profundo entendimiento de cómo percibieron, se relacionaron y convivieron con la tierra que hoy es nuestro hogar. Tal vez así podamos progresar en una conciencia ecológica más encarnada sin necesidad de importar ideas foráneas para cuidar nuestro medio ambiente.
Si bien los ámbitos académicos superiores han intentado ser más inclusivos y los partidos políticos han procurado sumar algún referente de los pueblos originarios… el camino no es dictaminar cupos obligatorios de minorías. El camino es brindar la igualdad de oportunidades a todos. Y esto es, garantizar una alimentación, salud y educación digna, adecuada y suficiente en la primera infancia. Esta deuda aún nos debe doler como sociedad. La mayoría de nuestros pueblos originarios aún están vedados de acceder a estos básicos derechos que les permitiría gozar del Respeto a la Diversidad Cultural que tanto declamamos.
Por ello esta fecha del 12 de octubre, quizás sea de entre todas las del calendario festivo y/o conmemorativo patrio, la que más nos representa en la paradoja de nuestra idiosincrasia como argentinos. Somos una Nación fundada a lomos de muchas naciones -originarias y gringas-, con ideales sin igual, pero que el debate por su identidad propia muchas veces se muerde a sí misma. En definitiva, como Nación y como sociedad que sostiene el Respeto a la Diversidad Cultural tenemos bastante hecho, pero mucho, mucho más por hacer. Y esa tarea pendiente no es de nadie más que nuestra, los argentinos. ¡Manos a la obra pues!


