Especialistas de INTA brindan una serie de recomendaciones, ante un contexto de déficit hídrico en las principales regiones productivas del país, destacando estrategias para enfrentar desafíos productivos como caracterización de los ambientes, retraso de la fecha de siembra y elección de variedades resistentes, entre las estrategias destacadas para enfrentar los desafíos productivos.

Es el tercer año consecutivo con precipitaciones por debajo de lo normal, sumado a una limitada agua almacenada en el perfil del suelo, lo que condiciona el normal desempeño de los cultivos, por lo que, el INTA brinda una serie de recomendaciones en la siembra de soja para estabilizar los rendimientos.

El ingeniero agrónomo Luis Federico Pagnan, especialista de la Agencia de Extensión de INTA Justiniano Posse, Córdoba, indicó que es necesario un “replanteo de las estrategias comunes de siembra en la región; es decir, realizar una adecuada caracterización de los ambientes de producción en cuanto a calidad de suelo y agua disponible”; para ello recomendó, “analizar el agua útil a dos metros de profundidad y la ubicación de las napas freáticas, las que pueden resultar en un aporte de agua importante durante el desarrollo del cultivo ya que en la región norte y sudeste de la provincia de Córdoba es frecuente encontrarse con perfiles con disponibilidad de agua relativamente baja en comparación con otras campañas de gruesa”.

En tanto, el ingeniero agrónomo Gerardo Jorge Quintana, especialista de la EEA INTA Las Breñas, especificó que, “si las precipitaciones de noviembre y diciembre no fueran suficientes para recargar los perfiles, es importante considerar un retraso de la fecha de siembra; así se podrá cumplir con el objetivo de acumular los mayores niveles de agua posible en los perfiles en vista a aumentar los índices de rendimiento”.

Los técnicos coincidieron en que “esto permite ubicar el periodo crítico del cultivo más tarde, con una menor demanda atmosférica de agua y evitar la coincidencia con las máximas temperaturas de principios de enero, al tiempo que da lugar a reducir los riesgos de estrés térmico, cuya combinación con periodos de estrés hídrico pueden producir notables impactos negativos sobre el rendimiento”.

Por su parte, el ingeniero agrónomo Juan Martín Enrico, investigador de INTA Oliveros, Santa Fe, dio un paso más y reconoció “que estos planteos tienen como objetivo alcanzar la estabilidad y levantar el piso del rendimiento del cultivo; es necesario garantizar la acumulación de humedad en los perfiles ya que, de lo contrario, se limita la evolución del cultivo”.

Varias estrategias

Coinciden los especialistas en que además de demorar la fecha de siembra es necesario combinar este manejo, seleccionando variedades según el grupo de madurez y resistencia, que “contribuye a reducir el riesgo de ocurrencia de un estrés durante enero”, dijo Quintana.

Para la correcta selección, el INTA cuenta con la Red Nacional de Evaluación de cultivares de soja (RECSO), conducida desde el INTA Marcos Juárez, Córdoba, donde se pone a disposición de los productores información estratégica de cada grupo de madurez, de la genética con mejor comportamiento, en cuanto a rendimientos y estabilidad para cada zona de producción.

Con respecto a la soja de primera, Enrico sugirió “atrasar la fecha de siembra y conservar el grupo de madurez del cultivar o conservar la fecha de siembra con un incremento del grupo de madurez utilizado habitualmente; por ejemplo, pasar de IV a V”. Para el cultivo de segunda, el objetivo tiene que ver con generar biomasa y darle la posibilidad a este de que crezca y atraviese la alta demanda hídrica de enero e inicios de febrero. Para eso, el especialista de Oliveros recomendó “levantar el grupo de madurez y posicionar el crecimiento vegetativo en ese momento, siempre en función de la fecha media de helada temprana de cada zona de producción”.

Otro aspecto a tener en cuenta es la adaptabilidad que presentan las diversas variedades que hay en el mercado, lo que brinda estabilidad y adaptabilidad de acuerdo con el potencial de rendimiento. “Así, será viable enfrentar situaciones en las que existe poca acumulación de agua o, incluso, se esperan pocas precipitaciones durante el ciclo del cultivo”, agregó Quintana.

El INTA busca también determinar el índice de competencia de los cultivares con las malezas; lo que permitió determinar que la elección de variedades con mayor posibilidad de ramificación posibilita una óptima competencia con estas.