La celebración del Jueves Santo, con la que inició el Triduo Pascual de este año fue presidida en el templo parroquial por el presbítero Cristián Casamitjana, mientras que en Santa Rita estuvo el vicario presbítero Marlon Gonçalves y en San Cayetano el diácono permanente Omar Zenoff; en tanto en Nuestro Señor de los Milagros de Mailín en Las Piedritas se contó con la participación de las ministras extraordinarias de la Eucaristía Miriam Gutiérrez y Mónica Weher.

En Las Piedritas participan las ministras de Pastoral Rural con la colaboración de Celeste Herrera y en el ministerio de música Valdibio Lagoria y Juan Carlos Domínguez.

Al comenzar la celebración el sacerdote bendijo el agua con la que procedió, acompañado por los ministros extraordinarios de la Eucaristía a bendecir a los fieles que ocupaban el templo; luego de las lecturas y de la proclamación del Evangelio, la homilía del padre Cristián se centró en el amor y en cómo Jesús indica el camino para servir desde la humildad y el darse hasta dar su propia vida, en una muerte cruenta, dolorosa y de cruz. A ello le agregó el signo de lavar los pies porque de esta manera se entiende el mensaje de Jesús, hacerse servidor de los demás, humillarse para ser grande en la vida eterna.

Lavado de pies

Luego vino el rito de lavar los pies de los fieles y, en esta ocasión, “fueron elegidos para lavar sus pies por un designio de Jesús, sin dudas”, expresó el religioso, a representantes de Salud Púbica, de la Municipalidad, y de la Policía del Chaco.

Por el personal de salud estuvieron las doctoras Nancy Gomez y Sandra Palacios, farmacéutica Teresita Lunch, enfermeras Gladys Barraza y Beatriz Miranda, de la Municipalidad fueron Tatiana Ruiz, Ana Medina, Juan Carlos Stach, Viviana Balderrama, Natalia Ponce y Marta Juárez; y por personal policial estuvo el subjefe de la Policía del Chaco comisario general David Vega y la directora de Zona Interior Charata comisario general Mirta Mabel Clemantovich.

Adoración al Santísimo

Al concluir la celebración el párroco trasladó el Santísimo Sacramento hasta la nave lateral, después de recorrer desde el altar y dentro del templo por los pasillos, hasta depositarlo en el lugar donde comenzó la Adoración por parte de quienes se acercaban allí mientras los demás se retiraban, lentamente y en silencio.

Los ministros procedían a quitar la vestimenta del altar y cubrían las imágenes y el crucifijo con telas de color morado, dejando todo dispuesto para la recordación del Viernes Santo.

Después de la Eucaristía comenzó la Adoración al Santísimo y se preparó el templo para el Viernes Santo