COMINI: VOLVER A ESCENA, AUNQUE EL CUERPO DIGA BASTA (II)
En esta segunda entrega, Gustavo Comini explica los significados que integran y rodean el universo del turf. La primera fue el 26 de octubre pasado.
Rubén H. Mansilla · 30/10/2026
La experiencia de casi 4 años en contacto con el mundo de los caballos, jockeys, carreras tuvo sensaciones singulares.
Notó también que para conectar de verdad con ese universo necesitaba comprender ese riesgo, no solamente aprender los movimientos o los códigos. Quería acercarse con respeto a quienes viven de esa actividad y conocer lo que pasa antes y después de la largada. No quería utilizar el turf como un simple decorado: necesitaba escuchar a sus protagonistas y entender la vida que existe detrás de cada carrera.
En eso intervienen, fundamentalmente, los propios jockeys para construir el personaje. “Para mí, hace notar Comini, Lucrecia Carabajal es la jocketa más importante de la historia del turf: una persona extraordinaria y talentosa. Facundo Coria también es una persona extraordinaria y talentosa, un jockey eximio, con una técnica, una elegancia y una sabiduría sobre el mundo del turf que me sorprenden. Poder conversar con ambos y recibir sus aportes es fundamental, porque hay experiencias que no se pueden comprender solamente leyendo o mirando desde afuera”.
Fue Lucrecia quien le contó una historia muy fuerte; “con respecto a lo que se siente antes de una carrera, recuerda el actor, me mostró que le faltaba el dedo pequeño del pie y me explicó que, en la largada, el caballo la había despedido y le había pisado el pie. Con la adrenalina y el dolor no se dio cuenta enseguida; lo advirtió cuando vio la bota. Es una historia impactante, pero lo que me interesa no es el impacto en sí mismo. Me habla de los riesgos reales de ese oficio, de la intensidad con la que se vive y de todo lo que hay detrás de una actividad que el público muchas veces ve solamente durante los minutos de una carrera”.
Cambios físicos
Para estar a tono con el personaje en lo físico, Gustavo Comini bajó 16 kg, cambió la alimentación y empezó a trabajar mucho el cuerpo haciendo entrenamiento de fuerza, ballet y estiramientos; no se trata solamente de adelgazar ni de parecer físicamente un jockey, se necesita investigar cómo se mueve ese cuerpo, cómo sostiene el equilibrio, cómo administra la energía y cómo responde ante una exigencia extrema. Es contundente al señalar que “el cuerpo es parte del trabajo del actor. No es algo que se agrega después, cuando el personaje ya está construido. A eso le agrego que me interesa pensar qué sucede cuando una persona siente que su cuerpo ya no responde como antes y que el sistema para el que trabajó empieza a considerarla prescindible. En el caso de un jockey, el cuerpo es una herramienta central del oficio: necesita responder con precisión, velocidad y equilibrio. Pero esa pregunta va mucho más allá del turf”.
La obsolescencia tiene que ver con el momento en que aquello que te daba un lugar en el mundo deja de garantizarte ese lugar; puede pasar con el trabajo, con la edad, con las capacidades físicas o con cualquier actividad alrededor de la cual se construye la identidad. Uno se pregunta quién es cuando ya no puede hacer aquello que siempre supo hacer.
“No me interesa plantearlo como una cuestión exclusivamente individual, dice el artista, sino también como una pregunta sobre la sociedad: qué hacemos con las personas cuando dejan de responder a lo que el sistema necesita. ¿Dejan de tener valor porque ya no pueden cumplir la misma función? ¿Qué queda de una identidad cuando el oficio, el cuerpo o el tiempo empiezan a cambiar? Este personaje me permite abordar esas preguntas desde una situación muy concreta. No es una explicación filosófica puesta por encima de la historia: aparece a través de un hombre, de su cuerpo, de su experiencia y de la relación que tiene con el mundo que lo rodea.