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COMINI: VOLVER A ESCENA, AUNQUE EL CUERPO DIGA BASTA (III)

En tres entregas, por este medio, se cuenta la actualidad del actor Gustavo Comini y el proyecto que lo anima en este tiempo. Esta es la tercera y última, las anteriores fueron el 26 y 30 de octubre.

Rubén H. Mansilla · 04/11/2026

El artista breñense explica que con Eduardo Pérez Winter lleva más tres años y medio trabajando; además de ser el director, es su hermano precisa Comini ya que tienen una historia personal y artística muy larga. En otro momento también fueron socios de Espacio Silencio de Negras, el espacio que él todavía conserva.
Trabajar juntos significa tener una confianza construida durante muchos años, pero también sostener una investigación exigente. Este proyecto no se resuelve rápidamente. Hay que observar, probar, descartar, volver a empezar y encontrar la forma de traducir todo lo investigado al lenguaje teatral. No alcanza con conocer el mundo del personaje: después hay que encontrar cómo hacerlo vivir en escena, son conceptos que resalta el artista.

Nestoroff y Caburé

Al ser consultado por similitudes o diferencias con el unipersonal de Mario Nestoroff, Gustavo responde que “son dos universos completamente distintos; Mario Néstoroff era un poeta bohemio, alcohólico, con una vida muy particular. Con aquella obra ensayábamos de noche, porque de alguna manera ese horario pertenecía a su mundo. Esta obra, en cambio, la ensayamos por la mañana”, explica entre risas. “Parece un detalle menor, pero para mí habla de algo importante: necesito entrar en la lógica de cada universo, en sus ritmos y en su manera de habitar el tiempo. Soy obsesivo con la investigación. Por eso hago pocos proyectos: cada uno me exige mucho tiempo de preparación. No me interesa pasar rápidamente de un personaje a otro; necesito encontrar algo verdadero en cada uno.
Al explicar cómo surge el nombre Caburé Carlos Morales, señala que Caburé viene de un recuerdo de la infancia; había un hombre que vendía diarios y al que los chicos llamaban así, lo provocaban y después salían corriendo cuando los perseguía. Hay algo de juego, de miedo y de desafío en ese recuerdo.
Carlos Morales, en cambio, es un compañero de trabajo que fue fundamental para acercarlo al mundo del turf. Ponerle su nombre al personaje es una manera de reconocer ese vínculo y la puerta que le abrió.
Para el espectador, le gustaría que pudiera entrar en un mundo que quizá nunca miró de cerca y descubrir todo lo que existe detrás de una carrera: el trabajo, la preparación, el cuidado de los caballos, la experiencia de los jockeys y la comunidad que se construye alrededor de la actividad.

Una historia humana

Pero también que encontrara una historia humana con la que pueda identificarse, aunque no tenga ninguna relación con la hípica. Todos, en algún momento, se enfrentan a cambios, a límites y a la posibilidad de perder un lugar que se cree propio. El turf es el universo concreto desde el que Gustavo Comini cuenta esta historia, pero las preguntas que aparecen ahí son mucho más amplias.
Después de casi cuatro años de investigación, lo que busca es que todo ese trabajo se vuelva teatro: que el conocimiento, el cuerpo y la experiencia se transformen en una historia capaz de conmover y de dejar preguntas abiertas.