Este fin de semana se realizaron las celebraciones propias de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo con lo que se cierra el año litúrgico para dar paso al tiempo de Adviento, iniciando el próximo ciclo.

La celebración del domingo a las 20 preveía, al finalizar la Santa Misa, una procesión alrededor de la plaza Sarmiento; pero, según explicó el párroco Cristián Casamitjana durante la ceremonia hubo varios factores que impidieron realizarla y se hizo un paso del Santísimo Sacramento entre las filas de bancos que estaban cubiertos de fieles.

Durante la celebración eucarística el sacerdote en su homilía explicó el Evangelio (Lucas 23, 35-43) destacando la calidad de Rey del Universo, Rey de mundo que no es de este mundo, un Rey con todo el poder que no lo usó para salvarse sino para salvar al mundo.

Al momento de la ofrenda, Guadalupe Herrera que cumplió 15 años, dejó al pie de la imagen de la Virgen María una vela encendida y, al recorrer con el Santísimo por los pasillos del templo, iba adelante del sacerdote portando esa vela. Al concluir la celebración el padre Cristián bendijo a la quinceañera que, junto a sus familiares se ubicaron cerca del altar, donde recibió la bendición.

Rey del Universo

La Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, cierra el Año Litúrgico en el que se ha meditado sobre todo el misterio de su vida, su predicación y el anuncio del Reino de Dios.

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de diciembre de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Durante el anuncio del Reino, Jesús nos muestra lo que éste significa para nosotros como Salvación, Revelación y Reconciliación ante la mentira mortal del pecado que existe en el mundo. Jesús responde a Pilatos cuando le pregunta si en verdad Él es el Rey de los judíos: "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí" (Jn 18, 36). Jesús no es el Rey de un mundo de miedo, mentira y pecado, Él es el Rey del Reino de Dios que trae y al que nos conduce.